Hace unos días hice un boceto de una mujer en busca de relajación, en una especie de postura de yoga, y de repente le dibujé el cabello largo, muy largo, tanto que sube bordeando la página y flota encima de ella. Como una casa, los techos y paredes hechos de cabello. Es protector y a la vez asfixiante. Es la cuarentena en casa: un delicado balance entre sentirse a salvo y sentirse prisionero.
