Comunicar la ciencia en la era de la incertidumbre

¿Qué hace que una noticia se vuelva viral, y qué hacemos para que la información correcta sea esa noticia?

Esta semana participé en un taller de periodismo científico, ofrecido por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT) de Panamá, Fundación Ciudad del Saber, y la Universidad de las Naciones Unidas (UNI MERIT), para ver claves y entrenamientos sobre cómo comunicar la ciencia efectivamente.

En la era de la incertidumbre, la desconfianza y la desinformación, es más importante que nunca difundir conocimiento científico al público, a comunidades y a tomadores de decisiones, y atraer a más personas al estudio y el apoyo de la investigación científica.

Pero no es fácil. Competimos por la atención de las personas contra mucho otro contenido. Además competimos con las noticias falsas, los fake news, y la información errada. La gente se harta de escuchar y leer noticias sobre lo mal que está todo, o está llena de incertidumbre de que lo que oyen y ven sea real y no más mentiras.

Entre un constante bombardeo de información y desinformación de todo tipo y de todas partes, ¿cómo hacemos que una nota científica llegue a las personas y despierte su interés? ¿Cómo nos aseguramos de que la información correcta suene más que la información falsa?

Recordé un momento difícil recientemente, en el que tenía muchos proyectos andando, las fechas de entrega aproximándose a una velocidad vertiginosa, y yo estaba agotada física y mentalmente.

Tenía entre todo, un artículo que estaba tratando de terminar, y me estaba resultando muy difícil. Era un tema extenso y un poco complicado de explicar de manera concisa.

La nota era parte de una campaña en redes sociales que teníamos proyectado lanzar en paralelo con la Semana del Clima en Nueva York. Esta campaña era sobre GEO-TREES, una iniciativa que une a observatorios globales con observatorios terrestres forestales para crear un sistema estándar de estimar cuánto carbono, el gas principal causando el calentamiento global, hay en nuestros bosques, usando tres tipos de mediciones que brindan un cálculo más preciso: desde la tierra midiendo cada árbol, usando láseres para escanear los bosques desde abajo y desde las copas, y desde el espacio utilizando satélites.

Uno de los videos que forma parte de la campaña en redes sociales. Y que me tocó narrar.

Pero implica muchísimo más, e implica una importante parte de la historia del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), y la primera estación de investigación en Isla Barro Colorado, y una parcela de 50 hectáreas establecida en la década de 1980, y un equipo de expertos en ecología y taxonomía forestal.

Para contar la historia completa, entrevisté a estos expertos, y reuní toda la información que necesitaba, y comencé a escribir. El tema me parecía muy interesante, solo que tenía que hallar la forma de contarlo para que a otros también les pareciera interesante.

Sabía la historia y entendía el objetivo. Sin embargo, después de varios intentos de completar un primer borrador… estaba atascada.

¿Cómo explicar algo tan extenso, con tantos elementos importantes que comprender, de una forma precisa y concisa, para que cualquier lector pudiese entenderlo? ¿Cómo captar la atención y despertar el interés de las personas por algo de lo que tal vez nunca antes habían escuchado o leído o visto?

Traté varios métodos para poder seguir y terminar, pero era tan extenso y habían tantos elementos que era difícil visualizar la historia completa sin perderme.

Estaba muy frustrada; quería que mi artículo quedara muy bien, quería que las palabras fluyeran de mi cabeza al papel y tuvieran sentido. La presión que sentía, que venía principalmente de mí misma, de que me quedara el artículo casi perfecto, fue demasiada.

A veces hay que dejar las cosas fluir, hay que tomar un paso atrás y salir de la burbuja. No tiene que ser perfecto; en lugar de apuntar a la perfección, es preferible apuntar a que sea lo mejor posible, y que quede hecho. “Done is better than perfect”.

Hacía mucho tiempo que me sentía tan frustrada y atascada, y tuvo repercusiones en mi salud mental y física. Al menos resultó en una importante lección de escuchar a mi propio cuerpo, y aprender a pedir ayuda, y no presionarme tanto.

Al final, mi editora revisó mi texto, e hizo varias sugerencias útiles, y quedé bastante satisfecha con el resultado. Abajo el artículo publicado.

https://stri.si.edu/story/good-measure

No sé si logré el cometido de que las personas lo leyeran y se interesaran. Tal vez es muy pronto para saberlo. Muchas veces la comunicación científica no tiene un alcance inmediato ni amplio. Pero allí está, y tal vez aún lo tenga.

Durante el taller, uno de los expositores de la UNU MERIT compartió que, según estudios, el 90% de los artículos científicos no son leídos ni citados por nadie. Es un dato desalentador.

Sin embargo, como comunicadores no podemos dejarnos desalentar por ese dato, o por el bombardeo de información y contenido, o por experiencias que hemos tenido. Porque la ciencia sigue siendo importante, y sigue siendo esencial llevarla al público. Es una oportunidad constante de encontrar nuevas formas de comunicar efectivamente.

No sabemos cuándo pueda que nuestro mensaje llegue a la persona indicada en el momento indicado.

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