La cuarentena interminable como fuente de inspiración

Hace unos días hice un boceto de una mujer en busca de relajación, en una especie de postura de yoga, y de repente le dibujé el cabello largo, muy largo, tanto que sube bordeando la página y flota encima de ella. Como una casa, los techos y paredes hechos de cabello. Es protector y a la vez asfixiante. Es la cuarentena en casa: un delicado balance entre sentirse a salvo y sentirse prisionero.

El coronavirus y la cuarentena nos han cambiado la vida a todos: algunos se lo toman muy en serio y tienen miedo de la enfermedad, otros no tanto y hacen lo que les place, y muchos lamentablemente no tienen otro remedio que enfrentarse a la amenaza ‘invisible’ para poder llevar comida a sus casas; y claro, están los que pueden esperar a que pase la tormenta desde la comodidad de sus hogares, y caen en clichés que, en un plazo tan breve como tres meses (que se sienten más como tres años), ya se han vuelto muy viejos.

Clichés como perder la noción del tiempo, ver todo lo que hay en Netflix, recurrir a un corte de cabello casero, armar rompecabezas, celebrar cumpleaños por Zoom, comer sin parar… Si tan solo esos fueran los “problemas” que atañen a toda la población.

Pero estos clichés tal vez señalan cómo llenamos nuestro tiempo, cómo estructuramos nuestra vida cotidiana, la calidad de vida que tenemos y cómo sobrellevamos la adversidad. ¿Qué nos empuja a diario? ¿Qué es lo que realmente necesitamos? ¿Qué podemos aprender sobre nosotros mismos durante este período?

Cada uno sobrelleva la pandemia y la cuarentena como puede, pero es un reto difícil de enfrentar, un reto que nunca imaginamos que tendríamos que enfrentar, y no estábamos preparados. Ni para tener que aislarnos de nuestros familiares y amigos, ni para cambiar nuestro estilo de vida tan radicalmente, ni para sobrellevar el encerramiento, ni para vivir con el miedo de que nosotros o alguno de nuestros seres queridos nos contagiemos. Además el coronavirus ha dejado en evidencia graves problemas globales: desigualdad socioeconómica, discriminación, corrupción en los gobiernos, sistemas de salud débiles, falta de preparación global para enfrentar una crisis de salud de esta magnitud, el impacto humano en nuestro planeta, y otro sinfín de males. Hay desempleo, hay hambre, hay enfermedades físicas y mentales, hay cambios drásticos a la manera en que nos desenvolvemos en público; hay ansiedad y preocupación y estrés, porque no vemos la luz al final del túnel.

Uno de mis escritores favoritos, Neil Gaiman, escribió un discurso “Make Good Art”, el cual pronunció durante la ceremonia de graduación de la Universidad de las Artes de Philadelphia en 2012: “La vida a veces es difícil. Las cosas salen mal, en la vida y en el amor y en los negocios y en las amistades y en la salud y en todas las otras maneras en las que puede salir mal. Y cuando las cosas se ponen difíciles, esto es lo que debes hacer: haz buen arte. (Es en serio).”

Y ahora mismo, cuando el mundo está sumido en caos, y todo parece estar derrumbándose, y no sabemos cuándo volveremos a la normalidad, es cuando es más importante que nunca crear arte. La ansiedad que estamos viviendo es una gran fuente de inspiración; es cuando más creativos podemos ser, en la búsqueda de soluciones para ese malestar, o para el aburrimiento, o para la falta de empleo, o para esas emociones que nos abruman, o para hacer comentario socio-político, o para llamar la atención hacia injusticias y desigualdades, y mil cosas más.

La creatividad no se aplica solo para el arte, la creatividad es necesaria para encontrar soluciones a muchos problemas y necesidades; y el arte no es solo algo bonito para apreciar, es una herramienta de expresión. “Tienes la habilidad de crear arte”, dice Gaiman en su discurso, “y para mí, y para muchas otras personas que he conocido, eso ha sido un salvavidas, la máxima salvación. Te ayuda a atravesar los buenos momentos y a atravesar los otros.” Y en estos momentos, el arte tal vez es el salvavidas ideal para sentirnos menos abrumados cuando la cuarentena nunca parece llegar a su fin.

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